CON P DE POLOMBIA, DE PETRO Y DE POST-CAPITALISMO
En los últimos días ha vuelto a aparecer un video de la entrevista que el actual candidato presidencial Gustavo Petro tuvo con el expresidente ecuatoriano Rafael Correa para el programa de Russia Today (RT) llamado Conversando con Correa. Muchas personas encontraron en este la prueba definitiva de que Petro propone un cambio estructural en el país al mismo tiempo que evita caer en la terrible tentación del socialismo, algo que el candidato logra proponiendo una narrativa en torno a un nuevo término supuestamente innovador: El Post-Capitalismo. En las siguientes líneas me permitiré hacer una breve crítica sobre su intervención al respecto de la economía y la política colombiana.
Para empezar, Petro deja claro que sus planteamientos no se ubican en el mismo marco de pensamiento y acción de lo que él denomina como "las elites de izquierda", sino, más bien, en el horizonte de una izquierda progresista y democrática que busca la transformación social de manera pacífica y enfocada en la construcción de sociedades del conocimiento. Por eso, señala que el nuevo actor social que surge en Colombia durante la última década son las multitudes y, que, según él, se expresan a través de la votación que su movimiento ha obtenido en tiempos recientes, así como en la reactivación de la protesta social. Además, insiste en que su experiencia en el M-19 lo preparo para entender que lo importante no es armar partidos que dividan a la sociedad en bandos, sino construir movimientos que logren mover la sociedad entera hacia unos objetivos precisos.
En lo personal, aquello que me preocupa de los planteamientos de Petro es que se mantiene dentro del marco conceptual del desarrollo, la industrialización y la competencia entre capitales. De hecho, su visión para Colombia implica abiertamente desarrollar el capitalismo e intentar dar lugar a una nueva forma de producción inspirada en los logros del modo de producción capitalista. Para él, lo que hay en el país es solo un capitalismo rentístico, que se sostiene en transferencias de riqueza casi feudales, en base a lo cual asume que el capitalismo es necesario porque permite una mejor capacidad de producción y el eventual surgimiento de alternativas como el post-capitalismo: un sistema en el que la abundancia permitirá la gratuidad y esta, a su vez, hará posible que la reducción y la regulación del mercado por parte del poder público ponga al primero al servicio de la gente.
De acuerdo con sus planteamientos, habría relaciones de producción, que ya están surgiendo en este momento, las cuales son de tipo colaborativo, en red y con trabajo libre, como en el caso de Wikipedia, que es la enciclopedia más grande del mundo y al mismo tiempo es gratuita. Petro pone como ejemplo de industrialización y construcción de un modelo de sociedad del conocimiento a los países recientemente industrializados del sudeste asiático. En sus propias palabras, “hace 40 o 50 años eran mucho más pobres que los pueblos latinoamericanos, pero hoy en día poseen economías y sociedades que compiten de tú a tú con la gran potencia estadounidense”.
Por último, una tendencia que de acuerdo con el análisis de Petro comparten las naciones de América latina es permanecer en el extractivismo, que sería una forma de organizar la economía en torno a la extracción de carbón, gas y petróleo y no en favor de la producción. Dentro de la explicación que hace de cómo y porqué no funciona el capitalismo en Colombia, el problema principal detrás del extractivismo es la acumulación de tierras, que también vendría a ser la causa primera de la desigualdad en el país. Su idea es que dicha acumulación hace a la tierra improductiva y permite el crecimiento del narcotráfico, así como la pauperización de la política. Por ello es que el actual candidato presidencial considera que la actividad de regular el mercado en función de la vida hace que aparezca lo nuevo a partir de un acuerdo social con una agenda progresista y democrática.
Ahora bien, mi crítica está encaminada a confrontar la perspectiva subjetiva que tiene Gustavo Petro de la realidad social de Colombia y el mundo. Para entender porque le llamo subjetiva a su postura destaco, entre otras cosas, la explicación que da sobre el extractivismo, tratándolo como si este fuera un fenómeno impuesto por voluntad de un agresor externo. A fin de cuentas, la acumulación de tierras y la desigualdad se deberían a la decisión arbitraria de unas pocas personas de quedarse con las fuentes de riqueza natural, sin decir nada sobre porque esto solo puede ser así –una decisión arbitraria dependiente enteramente de la voluntad de un individuo o un conjunto de individuos-.
De igual modo, la explicación que tiene Petro sobre la diferencia en industrialización entre el sudeste asiático y Latinoamérica se centra en la posibilidad que tienen los países de la periferia para superar sus condiciones materiales, pero obvia el hecho de que los lugares recientemente industrializados pasaron por procesos dictatoriales o gobiernos autoritarios que aplicaron por la fuerza una suerte de políticas de sustitución de importaciones. Más aún, esta situación solo fue posible por la particular configuración de las posibilidades que ofrecía la competencia de capitales a nivel internacional en ese momento de la historia, así como por la abundancia de población en edad de trabajar en las sociedades sudeste asiático.
Desde su perspectiva, pareciera que independientemente de las posibilidades concretas de la situación histórica del capital y de los diversos procesos objetivos por medio de los cuales se materializa y transforma, basta con poner de acuerdo a la gente para que se logre la industrialización, el desarrollo y la construcción de una sociedad del conocimiento. Esto podría hacerse si se estuviera tratando con un fenómeno subjetivo, pero la realidad no es solamente subjetiva sino también objetiva. En este sentido, si la facción de la burguesía que representa Petro no es capaz de ganarle en capacidad productiva a las demás, o, lo que es lo mismo, si este sector del capital en competencia no es capaz de imponerse en cuanto a su capacidad de apropiarse de la plusvalía frente a sus enemigos del mercado, entonces nunca podrá completar su plan económico y político para Colombia.
Pero, lo que más preocupante me parece es que aunque lograra imponerse materialmente y llevar a cabo exitosamente su estrategia política, el capitalismo es en sí mismo un sistema que incentiva la competencia y no la colaboración, y, por tanto, la desigualdad y la injusticia son propias de él. Las expectativas que se han construido en torno a un posible gobierno encabezado por Petro parecen tener sentido, al menos en cuanto a que responden a problemas reales y parecen ofrecer soluciones viables, sin embargo, sin recaer en la perspectiva de la derecha de que sus planteamientos son utópicos, su propuesta no parece realista o, mejor dicho, objetiva.
En lo fundamental Petro desconoce que la competencia entre capitales impone objetivamente las condiciones en las que debe actuar cualquier sujeto social, y, si bien estas condiciones no ofrecen un escenario fatalista, el ser humano solo podrá cambiar el sistema en la medida en que las posibilidades lo permitan. Entonces, toda aspiración de llevar a cabo un cambio social de manera consciente debe tener en cuenta que las posibilidades de triunfo, así como la estrategia y las tácticas a seguir, dependen de la fuerza material de cada sector de la sociedad y esta a su vez de su capacidad de organizarse para prepararse física y mentalmente.
En otras palabras, si la dinámica objetiva de la competencia entre capitales a nivel internacional dificulta el surgimiento de un modelo económico diferente, lo más probable es que este no podrá surgir, y, más aún, si a nivel interno el sujeto social que busca dar vida a su proyecto económico, político y cultural no es capaz de superar la productividad de sus rivales terminara inevitablemente fracasando. A mi modo de ver hay dos opciones y lastimosamente en ninguna de ellas se encuentra la vida plena y feliz que nos han prometido desde todas las religiones y los partidos:
1. El nuevo modelo progresista fracasa porque no es capaz de alcanzar la productividad de sus rivales e imponerse materialmente sobre ellos, dejando una estela de desilusión y desmovilización entre los sujetos sociales, incluso entre aquellos más comprometidos con el cambio social de raíz.
2. El nuevo modelo de un capitalismo humano y democrático triunfa y da paso a una sociedad de primer mundo, pero el horizonte del post-capitalismo se torna cada vez más lejano. Esto hace que, aunque disminuyan significativamente, la desigualdad y la explotación seguirán existiendo, al igual que se mantendrá intacto el sometimiento de grandes masas de personas ante las clases dominantes.
En definitiva, la imposibilidad que se mantiene irresoluble aun dentro de los aparentemente innovadores planteamientos de Gustavo Petro es la que plantea la ley del valor y, por tanto, la competencia y la explotación capitalista: El disfrute de parte de las y los productores de los frutos de su trabajo, de manera que sean usados para alcanzar la vida plena, la igualdad y la justicia material y social, solo es posible si se le pone fin a la historia de la lucha de clases eliminando la explotación y la dominación del capital, así como todas las otras formas posibles que estos fenómenos puedan adquirir por fuera del modo de producción capitalista.
Por eso, para concluir me gustaría decir que mi intención no es para nada invitar a votar en blanco, ni mucho menos a votar por Fajardo ni por Federico Gutiérrez, porque se bien que es mejor enfrentarse a un gobierno progresista que a uno directamente reaccionario. Pero, lo que sí quiero dejar claro es que a mi modo de ver es extremadamente ingenuo pensar que los problemas que padecemos en Colombia se resolverán por medio de algún proceso electoral, y, por tanto, también me parece ingenuo jugar al pragmatismo para intentar recoger votos o crecer en favorabilidad entre el público, como hace buena parte de la izquierda “comunista” a nivel global. Entonces, si lo que uno quiere es buscar un cambio de raíz lo que habría que hacer es aprovechar tácticamente el posible triunfo del sector progresista de la burguesía, para poder construir escenarios de participación y acción colectiva o, como se suele decir en nuestro país por parte de las izquierdas más revolucionarias, para construir poder popular.
No obstante, para que verdaderamente puedan ocurrir estos procesos hay que partir de la realidad de que los intereses de la clase trabajadora son casi igualmente contradictorios con los de los sectores de la economía que apoyan a Petro que con los de cualquier otro defensor y promotor del capitalismo, lo cual implica que desde el primer momento debe haber un programa claro que se contraponga críticamente al del progresismo petrista, sin caer tampoco en las artimañas, chantajes y engaños que favorecen a la ultraderecha. El desafío esta en promover la independencia de clase frente a los gobiernos y las empresas capitalistas, para lo cual es necesario darle vida por medio de la organización y la práctica critica a un verdadero poder popular, que permita poco a poco la recuperación de las fábricas, las tierras y, en general, los medios de producción por parte del pueblo trabajador; esto al menos hasta el momento en el que las confrontaciones se acentúen tanto que la única salida que quede sea entrar en el violento torbellino de la revolución.

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